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El qué dirán y los hijos

Antes de convertirme en mamá tenía la idea que cada quien debe vivir su vida como mejor le parezca siempre que no haga daño a nadie. Había aceptado que haga uno lo que haga (incluso aunque sea con buena intención) puede ser malinterpretado o leído en un tono muy distinto al que se le quiso dar a lo dicho. En otra palabras, había asumido las consecuencias de ser un social y todas las variables incontrolables que eso implica, sin tener demasiado en cuenta el qué dirán.

Ahora bien, una vez que la “señorita-no-me-importa-lo-que-digas-de-mí” se convirtió en madre mi visión de este tema (como muchas otras cosas más) cambio en 360º.  Nos gusté o no, somos parte de diferentes grupos y comunidades, empezando por la familia, el barrio en el que vivimos, el gimnasio o el club deportivo, el lugar de trabajo, etcétera, etcétera. Como miembros de diversas comunidades sabemos, aunque no lo tengamos siempre consciente, que nuestra personalidad, así como la manera en que reaccionamos ante situaciones agradables o perturbadoras es parte importante de la manera en que somos percibidos por los otros.  La mayoría de las personas no dan segundas oportunidades y la primera impresión es la que normalmente cuenta.

Suena a un post de cómo tener buenas relaciones públicas (PR), ¿no? Pues sí, un poco sí. Hace poco tiempo me di cuenta de que mi caracter explosivo y el hecho de tener fuertes valores morales puede ser entendido de una manera que no está necesariamente en sintonía con el mensaje que quiero comunicar. Aceptar que he pasado buena parte de mi vida adulta actuando sin pensar consciensudamente en las consecuencias de mis acciones ha sido un proceso trabajoso y doloroso, pero que hoy considero totalmente necesario tanto para mí como para mi familia.

Tener una hija me ha hecho comprender que el qué dirán y los hijos es un tema que me interesa y mucho, porque me guste o no al elegir las palabras o la actitud equivocada (aún cuando sea en nombre de una causa justa) puede hacer que las personas no comprendan tu manera de pensar o que te juzguen demasiado fuerte como consecuencia de haber “estallado” o de haber dicho “la verdad sin filtro”.

El qué dirán y los hijos

Un comentario innecesario o una reacción no mesurada tendrá como posible consecuencia mala reputación  y aunque diga: “a mí no me importa el qué dirán porque estoy curada de espantos”, no quisiera que mi impulsividad pudiera afectar la manera en la comunidad vea o reciba a mi hija por aquello de que “De tal palo, tal astilla”. Así que en aras de labrarle un camino de paz a mi hija estoy aprendiendo cómo manejar mis relaciones con más inteligencia emocional, menos impulsividad y menos racionalidad. Más empatía y kilos de tolerancia son mis aliados en esta proceso de cambio. Tengo la esperanza de mi espíritu bélico se vaya apaciguando y finalmente comprenda que, como me dijo una amiga: “no todas las batallas merecen la pena ser luchadas y no todas las guerras deben ser la tuya.”

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Un abrazo desde Budapest
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13 Responses
  • Dolega
    julio 17, 2014

    ¿Sabes algo?
    Debido a trabajar cinco años como directora de una escuela infantil (kinder en mi pueblo) llegué a la conclusión de que habría que poner un carnet de padres, por puntos como el carnet de conducir. Puede sonar un poco fuerte, pero es que en esos sitios ves cosas que realmente te convencen de que no todo el mundo está preparado para criar, educar y formar a un ser humano.
    Este post debería ser de obligada lectura, rezuma sentido común y madurez porque la madurez la demostramos cuando nos damos cuenta que tenemos que seguir trabajando para ser mejores personas, pero también hacer mejores personas a aquellos que dependen de nosotros.
    Felicidades, hermosa. Cada día me gustas más y es un honor ser tu lectora.
    Besazo

    • madrexilio
      julio 22, 2014

      Bueno Dolega es que con un comentario como éste me has hecho que se me salga una lágrima y eso son palabras mayores, que yo no soy de llorar fácil, eso te da una idea de cuánto te aprecio. Muchas gracias por tan gratas palabras. Bonito saber que hay quien aprecia la autocrítica.

      Un beso

  • may rovles
    julio 7, 2014

    Tal como Mony lo dice, acá en México es muy común el mantener las relaciones públicas lo más sanas posibles, ya sea por el qué dirán, por llevar la fiesta en paz, porque tienes inculcado que ante todo la cordialidad, como sea, es un tema que internamente a muchos nos genera un conflicto. También por años fue mi mal, recuerdo a mi madre decirme más de cien veces “no ganas nada con echarte a la familia encima… piensa en ti… en algún momento necesitarás de ellos… son tu familia… es tu vecino y lo tendrás que ver por muchos años más… sólo te perjudicarás siendo huraña y respondona…”, y sí, en cierta parte tuvo mucha razón.

    En todos mis trabajos he estado en un área donde la atención al cliente y las relaciones públicas, así como el mantener una buena imagen propia y de la empresa (que va junto con pegado), ha sido primordial. Así que a través de mis trabajos he podido domesticar a esa fiera rebelde que traigo dentro. No es sencillo responder con una sonrisa a una persona que nos indigesta, sin embargo sí me he ahorrado bastantes problemas posteriores. Ya que con esas personas que sólo buscan molestar, y que lo disfrutan a lo grande, sólo queda mantenernos al margen, no permitir ninguna humillación (saber poner altos) y muchas veces sin salir perjudicados darles por su lado.

    En materia de hijos, el ser empático y muuuy comprensivo de las situaciones que se presentan, ha funcionado para que mi hijo sea bien visto en la guardería. No soy sociable, así que nunca llego como otras madres saludando a todo mundo o haciendo platiquita “amena” sobre los logros o infortunios de sus pequeños críos. La verdad no llego a tanto, tampoco me nace hacer regalitos canjeadores de afecto cada que puedo, si acaso el día de los maestros y eso porque vaya que merecen reconocimiento al cuidar todos los días a más de 3 chiquillos.

    Lo que sí he hecho es agradecer cada mañana y tarde el cuidado de mi hijo, me he mantenido al pendiente de lo que acontece con él, siempre que la guardería solicita apoyo con ropa, collares, botes o demás ahí los tendrán, y lo más importante, me privo de armar un escándalo cada que mi hijo se pelea con otros y evito cuestionar a morir a las maestras sobre qué hizo o no hizo mi hijo.

    Davi no opina igual, él sí ha llegado con una actitud bastante molesta y conteniéndose indaga, sin embargo se le nota a leguas que no lo tolera. Sólo le digo que a final de cuentas si a uno no lo pueden ver no importa, no obstante el que un niño tenga a padres odiosos o intolerantes provoca que las maestras lo hagan a un lado, que no generen vínculo alguno con él y que no estén al pendiente.

    Hasta ahorita voy progresando, pero como te digo, sigo sin ser sociable je.

    • madrexilio
      julio 8, 2014

      Menos mal que tú logras mantener la calma, que no pasa nada si no eres “galletica fiestera” (decimos en mi tierra). Yo he pensado seriamente que mi marido será el delegado para ir a las juntas de padres, que ya a las d vecinos es él quien representa los intereses de la familia.

  • Planeando ser padres
    julio 7, 2014

    Creo que a todas nos sucede esto en mayor o meno medida. Yo creo que tengo mucha paciencia, pero cuando alguien me cansa con un tema reconozco que puedo ser muy brusca, cortante y borde, porque hasta los más pacientes tenemos un límite. Muchas veces me callo por no dar un espectáculo, pongo a todos los malos comentarios buenas cara, paso de ellos y ya en mi casa pongo a todo el mundo a parir en la intimidad. A veces me gustaría ser completamente sincera en lugar de tener que guardar tanto las apariencias, porque es que esto de ser tan disimulada al final me acaba acarreando unos mosqueos conmigo misma que no me merezco. Yo estoy en el punto contrario ¡me planteo dejar de quedarme callada e ir liándola por allí por donde pase!

    • madrexilio
      julio 8, 2014

      Yo creo que es un reto encontrar el equilibrio entre lo que a una le gustaría decir, lo que debe y lo que puede, pero de que se puede, se puede. O bueno, eso espero yo! Ja! 😀

  • Joselyn
    julio 7, 2014

    A mí antes me pasaba todo el tiempo. Los rusos en general son bastante reservados y tranquilos (aunque a veces también bruscos). Mis reacciones podían parecer exageradas en comparación. Ahora me he adaptado mucho y, además, he notado que cuando exploto me desgasto por gusto. No me quedo callada cuando algo no me gusta, pero lo hago (o eso creo yo) con más mesura que años atrás.

    • madrexilio
      julio 8, 2014

      Pues sí Joselyn, en eso tienes razón, la explosividad caribeña (la comparto) no todo el mundo la sabe ni entender ni llevar, incluso en otros países latinoamericanos no ven bien esa manera de reaccionar.

  • Marta
    julio 7, 2014

    A todas horas, diría yo que sigo aprendiendo a manejar mi impulsividad y mi “amargura” (que dice mi marido) sobre las cosas externas que afectan a mi familia, hijas, marido y yo misma.
    Muchas veces he notado como en mi cabeza se hacía como un “clic” que provocaba que me convirtiera en una fiera, ahora sigue pasando pero de tarde en tarde, porque tengo que dar ejemplo a mis hijas, y no es bueno para mi salud mental. (que parece que estoy loca, pero cuando es algo que te afecta…)

    • madrexilio
      julio 8, 2014

      Es un tema difícil cuando uno tiende a decir lo que piensa o lo que siente. Pero uno puede ir “reeducándose”. Supongo que no es malo aprender a trabajar el carácter, en parte yo estoy agradecida de haberme dado cuenta.

  • Desmadreando
    julio 7, 2014

    Claro que me ha pasado…pero más por el “que dirán” por mi salud. En muchas cosas somos demasiado parecidas y pasionales y entregarse a la causa hace encender nuestra pasión y termina drenándonos. Es curioso como ese tema que abordas de decir las cosas es también una cuestión cultural. Viviste en México y sabes que nosotros tenemos por cultura un ahorita, un si en la boca y una cordialidad camuflada de no poder decir nunca las cosas a la cara por vergüenza, falsa “educación”….yo que sé… y entonces cuando alguien va y nos dice las cosas tal cual como son nos causa corto circuito. Sin embargo, después de cinco años viviendo por acá he aprendido que es sano decir las cosas, sin tapujos, pero solamente con cuidado porque tú verdad no tiene porque ser la misma que el de enfrente y quizás puedas lastimar a la persona sin deberlo ni temerlo. Así que cuál es la mejor filosofía ¡yo que sé! 😛 jajajaj creo que en la intención está la fórmula. Un besote desmadroso y manda fotos de esa muñe anda que ya está demasiado grande

    • madrexilio
      julio 8, 2014

      Tal vez te parezca imposible, pero te prometo que no me di cuenta de que en México “me daban el avión”, tampoco entendí los “sí”, ni los “ahorita”, quizá por eso fui tan feliz ahí, no me di cuenta de la verdad con dos caras 😀 Con los años es que he entendido muchas cosas, pero estando ahí. No. Un beso desde Budapest

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