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Una abuela muy moderna

Este domingo fue el cumple número 75 de mi abuela paterna Tita: políglota, viajera, tejedora insigne y en sus propias palabras: una extranjera en todas partes. Mis abuelas han sido una gran fuente de inspiración en mi vida.  Hoy les cuento un poco de Tita, la abuela -ahora bisabuela- muy moderna.  Su vida siempre me ha parecido  interesante y hasta cierto punto fuera de serie, claro que no estoy hablando de la Vriginia Woolf ni de la Coco Chanel húngara, pero sí de una mujer que hizo muchas cosas que otras mujeres de su época no se atrevieron a hacer.  

Siendo una niña y en plena Segunda Guerra Mundial se vio a bordo de uno de los últimos trenes BudpaestViena que salieron sin requerir visados especiales a sus pasajeros ya que horas más tarde se cerraron las fronteras. Eran los primeros años de Tercer Reich y Hungría aún no se aliaba a los alemanes, así que sus padres decidieron huir a Austria para proteger a sus hijos. Mi abuela Creció en un pueblo del Tirol llamado Hofgarten. Allí se enamoró del alemán, su idioma favorito, aprendió que la guerra trae hambre y no da para comprar zapatos, se enfermó de por vida de la tiroides por carencia de yodo en la austera alimentación que llevaban. En el internado las monjas le enseñaron el valor de la oración y el silencio como consuelos ante lo inexplicable y aprendió a tejer como una araña reina. A sus 15 años y otra vez por culpa de la guerra tuvo que decirle adiós a su querido Tirol y decirle hola al Mar Caribe de Venezuela, país que ama con el corazón y en el que vivió 45 años.

Tita aprendió español sí o sí mientras iba a la escuela en Caracas y recorría sus calles a la sombra de árboles de mango. Se casó con mi abuelo a los 19 años porque tras darse un beso apasionado se pensó embarazada, confesó su pecado a  su madre y poco después su padre se enacrgó de formalizar la unión “como dios manda”. Sorprendentemente el bebé tardó 2 años en llegar y no 9 meses como normalmente sucede. ¡Pobre! Cuando lo pienso me da un poco de tristeza y hasta rabia. Digo rabia porque dice mi abuela que su sueño era ir a la universidad, no casarse. Mi abuelo por su parte, era un hombre muy machista, así que cuando mi abuela sugirió qu quería estudiar al señor se le subió la sangre al cerebro y dijo: ¡Prohibido!

Tita y el abuelo intervenida

Pero mi abuela no se dio por vencida, al tiempo que llevaba la casa, ayudaba a mi abuelo con la fábrica (había empezado una fábrica de injección de plástico cuando este negocio apenas andaba en pañales), cosía por encargo y a escondidas. Sí, lo he dicho bien: a escondidas. Guardó ese dinero hasta tener suficiente para estudiar psicología. Un buen día mi abuelo descubrió que Tita estaba cursando estudios superiores y el matrimonio se fracturó para siempre. Era o dejar la uni o dejar de tener marido y mi abuela se decidió por la segunda.

Al quedarse “sola”, sin mucho apoyo económico (el divorcio no le favoreció para nada), se enfrentó al mercado laboral y a la dificultad de encontrar un trabajo bien remunerado para una mujer divorciada a finales de los años 60. Así que de secretaria bilingüe en multinacionales y cansada de ser usada como la sra. de buenos pechos que le sirve el café a los jefes, montó su propio despacho de traducciones oficiales de documentos legales alemán-español y viceversa. Su mini imperio le dio la independencia que siempre quiso y la satisfacción de haberse desarrollado profesionalmente.

Hoy, aunque jubilada, hace algunas traducciones por encargo vía internet y da clases de alemán o español a universitarios y business men/women húngaros. Eso sí, mi abuela de cocina NADA. Así que en su cumple le he preparado una comida de tres platos con torta de cumpleaños incluida. La torta me la ha pedido muy sana porque no se encuentra muy bien de los triglicéridos.

Les dejo aquí la receta super sencilla, riquísima y sanísima de torta de calabaza, un dulce fundamental en la cocina venezolana.

Ingredientes:

  • 700 grs, de puré de calabaza sin sal (media calabaza mediana)
  • 3 huevos
  • 100 gr. de mantequilla
  • 1/2 taza de azúcar negra (la de reposteria da mejor cremor)
  • 1 taza de harina de trigo
  • 2 cucharaditas de polvo de hornear
  • Una pizca de clavo molido, una de nuez moscada y otra de canela
  • 1/4 de taza de pasas (yo las remojo en vino dulce unas horas antes)
  • 1/4 de taza de nueces picadas

collage torta de calabaza retoques

Preparación: Se bate la mantequilla y el azúcar hasta tener una consistencia cremosa, se agregan los huevos uno a uno. Se agregan el puré, harina, las especias y el polvo de hornear. Una vez que se tenga la mezcla uniforme (no hay que batir demasiado, con una cuchara de madera es suficiente) se agregan las pasas (ya escurridas si es que se han puesto en vino) y las nueces. Se vierte en un molde previamente engrasado y enharinado y se espolvorea con un poco de azúcar si se desea. Hornear en horno previamente precalentado a 180ºC por 45minutos. Al sacar del horno, esperar 5 minutos antes de desmoldar. La torta será parecida a la torta de pan, húmeda por dentro, casi como un pudín y tostadita  en el tope por el azúcar espolvoreado. Servirla caliente con helado de vainilla o macadamia es una excelente idea.

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5 Responses
  • TJB
    marzo 15, 2013

    Muy, muy hermoso

    • madrexilio
      marzo 15, 2013

      Muchas gracias 🙂

  • desmadreando
    marzo 13, 2013

    El comentario de arriba es mío no se porque salí anónima 😛

    • madrexilio
      marzo 13, 2013

      Sí, la foto es original. Me la pasó papá 🙂 Esa foto fue tomada en Venezuela, la otra pareja es una matrimonio también húngaros que fue muy amigo de ellos y una de sus hijas. Lo de que todo es relativo, sí, es así.
      Un besote desde mi querido exilio 🙂

  • Anónimo
    marzo 13, 2013

    La foto es original? ¡La receta la probaré! se ve buenísima 😛
    Algún día te hablaré de mis abuelas…pero bueno ¡revolucionarias fueron! de ahí a modernas no lo sé ¿todo es relativo que no? Un besote desmadroso

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